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Revista-Algarrobo

“La Dicha de por sí” o la sensación de estar frente a un muro infranqueable

por Carlos Campos Vásquez.

Fuerza creadora o razón incontrolable. “La Dicha de por sí” de nuestro amigo el poeta José López Coronado tiene suficientes motivos para la reflexión. En una edición personal gracias a Ediciones Malla del Grupo Umbral, sale a luz en 1994 para traslucir el bronce humano, los dominios del poeta y ubicarse en el limbo del arte y la vida real. Rotos los espacios al vate sólo le queda resignarse ante su creación para evitar fenecer, como el escultor Baltasar de Gavilán frente a su obra, pues sabe que es una batalla perdida sin haberla luchado. El amor.

arte poética - "identidad" y "distancia"

IDENTIDAD

¿ Alguien conoce mi nombre,
las voces de mis dioses,
mis oraciones,
el sueño que me persigue en olas
hacia el mar?.

¿ Conoces la canción de amanecer
que mi madre sostiene
con su voz de tordillo
para llevarme dentro de su pena ?

¿ Percibes el aroma del patio de mi casa ?
¿ El fermento del tiempo en la sequia
y el sollozo del cielo con la lluvia ?

la tierra, la naturaleza y el medio ambiente

por Rogelio Garrido Montañana.

    Desde que San Juan de la Cruz, entrañable poeta de alta inspiración mística, escribiera en su “Cántico Espiritual” estos alados versos: “¡Oh bosques y espesuras / plantados por la mano del Amado, / oh prado de verduras, / de flores esmaltado...”  “Mi Amado, las montañas, / los valles solitarios, nemorosos, / las ínsulas extrañas, / los ríos sonorosos, / el silbo de los aires amorosos...”  ¡Desde entonces ha pasado la friolera de más de 400 años!

    Y desde que otro místico poeta, el santo “poverello” Francisco de Asís, escribiera sus emocionados versos cantando a la Hermana Agua y al Hermano Aire que respiramos, a los árboles, ríos, pájaros y peces, al sol y a la luna, también han transcurrido unas cuantas centurias. Ellos cantaron a los elementos de la Naturaleza cuando aún se vivía recurriendo a ella pero sin forzarla, sin abusar de sus dones, respetando sus ciclos de crecimiento y renovación...

Dos poemas de Manuel Scorza

 

Serenata

¡ No puedes salir del jardín
donde mi amor te aprisiona !

Presa estás en mí.
Aunque rompas el vaso,
seguirá intacta
la columna perfecta del agua;
aunque no quieras siempre lucirás
esa corona invisible que lleva toda mujer a la que un poeta amó.

Y cuando ya no creas en estas mentiras,
cuando borrado el rostro de nuestra pena,
ni tú misma encuentres tus ojos bellísimos
en la máscara que te preparan los años,
a la hora en que regatees en los mercados,
los jóvenes venados vendrán a tu Recuerdo
a beber agua.

Porque puede una mujer
rehusar el rocío encendido del más grande amor,
pero no puede salir del jardín
donde el amor la encerró.

¿ Me oyes ?
No puedes huir.
Aunque cruces volando los años,
no puedes huir:
Yo soy las alas con que huyes de mi.

 

Poetas lambayecanas

ESPERANZA

Habrá tiempo después del tiempo,
hora tras las horas,
camino al final del camino,
espacio más allá del espacio,
canción aún después de la muerte
y estos macilentos rostros
tornarán en gesto eterno…
La sonrisa.

Nevenka Waltersdorfer.

YO  CON  BARRIGA

Yo con  barriga y él ausente.
Mi mano se apoya en las paredes de mi sombra.
Yo con barriga, continuación de la especie
preñez animal, ombligo sobresaliente

¿Qué procesador de textos utilizar?

 

 

por Ismael Fanlo

[img_assist|nid=122|title=|desc=|link=none|align=left|width=150|height=150]En una entrega anterior ya hemos visto la utilidad que puede tener la computadora para el escritor. También sabemos cual será nuestra herramienta de software fundamental: el procesador de textos.

¿Cómo elegir el procesador de textos que resultará más adecuado para nosotros?

El más difundido y popular es Microsoft Word, que forma parte del paquete ofimático Microsoft Office. Pero Office tiene dos problemas fundamentales:

Cañaveral, por Ángela Figuera Aymerich

 
 
Entre las cañas tendida;
sola y perdida en las cañas.

¿Quién me cerraba los ojos,
que, solos, se me cerraban?

¿Quién me sorbía en los labios
zumo de miel sin palabras?

¿Quién me derribó y me tuvo
sola y perdida en las cañas?

¿Quién me apuñaló con besos
el ave de la garganta?

¿Quién me estremeció los senos
con tacto de tierra y ascua?

¿Qué toro embistió en el ruedo

Masa, por César Vallejo

Al fin de la batalla,
y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre
y le dijo: «No mueras, te amo tanto!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Se le acercaron dos y repitiéronle:
«No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil,
clamando: «Tanto amor, y no poder nada contra la muerte!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Le rodearon millones de individuos,
con un ruego común: «¡Quédate hermano!»

César Vallejo (parte 1)

por Jorge Varas.

César Abraham Vallejo Mendoza nació en Santiago de Chuco, un pequeño pueblo de la Sierra Peruana, en el año 1892. Cuentan sus biógrafos que desde niño mostraba ya una inclinación especial hacia la abstracción poética, a pesar de las carencias económicas que rodeaban a su familia. Al niño aldeano le gustaba atisbar, en la soledad de la tarde, la lluvia que moja los campos serranos, los largos senderos que parecen encontrarse con el cielo; observando a su "Sierra de mi Perú / Perú del mundo / y Perú al pie del orbe..." (como diría luego en un poema) adhería su pequeño espíritu a la naturaleza y al sentir del Pueblo que lo vio nacer.

un saludo

Es necesaria la explicación, además de nuestro cordial saludo, sobre el por qué del cambio de nombre de nuestra asociación antes denominada : "MANUEL SCORZA" , a partir de hoy : "SCORZA". Razones de carácter jurídico, de normativas de asociaciones nos imposibilitan seguir proclamando a plena voz a uno de los mejores representantes de las letras peruanas; sin embargo, continuaremos nombrándole en cada espacio abierto a la palabra, en cada hoja en blanco y en cada silencio creativo.

Asimismo, nuestro compromiso de difundir el pensamiento literario de nuestros poetas, cantores y narradores peruanos y universales, seguirá latente en los pasillos de esta casa, hecha de semillas y frutos dulcísimos, hecha de voces y arrullos, de silencios y palabras, esta casa con esencias y perfumes de aquel árbol milenario que entregamos en sus manos: Algarrobo.

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