sierpe y salamandra
sierpe y salamandra
“Antaño yo vivía en una torre que custodiaban tardes de susurrantes collares”
Manuel Scorza
Las torres de mi sino
equidistaban todas contra el fuego,
ululaban sus vientos
junto al fogón de ardiente carboncillo,
chinesca de un crepúsculo roto
de tanta sombra amarga
cayendo, manto a monto
en su poncho ancestral.
Habitaba la niebla presa de las alturas
en mi torre de arista rencorosa,
buscaba los rincones
para enhebrar el hilo de susurros y magia,
cremallera del tiempo, luz, acontecimiento
cabecita loca y mal averiguada
trenzada de azabaches aguerridos.
De niña, los pañuelos eran costumbre sabia
en mi cofre de nácar y Pandora
llenito de sus truenos;
recogía la lluvia y me embarcaba,
como quien pierde un beso,
galopando a la nada.
Cuánta imaginación cabía en la mirada
de quien ha visto mucho y tanto ha de olvidar
en aras de la frágil maraña de inocencias
a punto de romper sus aguas de cristal.
Mas, la memoria urgente
engancha su carruaje en mis enaguas rotas
de tanto asir peldaños, caminar en la flama
y llorar hacia el sol.
¿Sabe la humilde lágrima desandar la distancia,
devolverse a su cauce y escurrirse en los ojos
avergonzada y niña, como si fuera un aire
de sierpe y salamandra?
¿ Quién puede rescatarme
de la torre fundida en su tablero
de lógico ajedrez?
¿Quién cumplirá por mí una promesa
y ha de sentirme fiel
en cada filigrana de su tiempo
que habita los fantasmas
del ayer en mi piel?
¿Quién me devolverá el grito emancipado,
precipitando un todo, purísimo, fulgente
en su líquido afan?
¿Puede la luz herirte a media sombra?
¿Puede la noche misma
regalarme una luna sin romper a sangrar?
Las torres de mi sino
han crecido en su espacio
y se encorvan al grito
de los tiempos y sombras
que refractan luceros
furtivos y mordacez
heridos de sierpe y salamandra.