Alguna vez, a veces, el poema
Alguna vez, a veces, el poema
a Gilmer Alarcón.
“ Y ¿Cuándo vuelve el desaparecido?
Cada vez que lo trae el pensamiento.
¿Cómo se le habla al desaparecido?
Con la emoción apretando por dentro”.
Rubén Blades.
Alguna vez, a veces, el poema
bebió la sangre virgen de sus hijos,
vistió luto rebelde,
se alzó con sus banderas.
Ardió por los caminos
maderos, crucifijos,
la sábana sangrienta de algún mártir;
hizo la historia a pie
nombrándote su huella.
Me halló tirando piedras al estanque,
robándole a la luna sus monedas
me descubrió llorando tristes versos;
cogió mi mano desolada y fría,
me hizo su compañera.
Y todas las miradas de la tierra,
y todos los augurios de la estrella,
y todos los murmullos de las aguas,
se fundieron azules en su orilla,
y se hicieron candela.
Alguna vez, a veces, el poema
tuvo que detenerse en la metralla,
hundió en cada trinchera, corazones,
sucumbió a manos de tanta miseria,
se levantó en nombre de la vida.
Y conquistó la memoria perdida
de los que ya no están en los caminos,
de los que le llamaron a escondidas,
de los que sólo vuelven en canciones.
Canciones rumorosas como el agua
que brota su costado,
clarines para despertar al alba
al niño que se convirtió en anciano
esperando el futuro, esperando.
Canciones repetidas en el eco
del ayer y del tiempo porvenir,
resucitándonos entre los muertos
algunas esperanzas,
duendes traviesos entre sus veredas,
hilachas de la luz en sus arterias,
retales del ayer en cada espera.
Alguna vez, a veces, el poema
viene a mi voz y me miente ilusiones,
incita la palabra venidera,
aprieta mis corceles;
y sus voces
son más que una canción en las estrellas.
Alguna vez, a veces, el poema
se apodera de todo lo que vive,
ciñe mi corazón, grita mil veces
estas palabras rotas,
esta botella llenita de fuegos,
abandonada sobre las arenas
de su tiempo, mi tiempo,
nuestro tiempo.
Alguna vez, a veces, el poema
irá conmigo a todos los destierros
que me faltan andar a pena suelta,
desnudará inmortal su gran secreto,
seré su compañera.
Repartirá conmigo su pan duro,
el yantar de la risa y el misterio
de ser todos en uno,
y ser, alguna vez, a veces,
el poema.
5.1.8..